CAJÓN DE SASTRE DE UNA HORMIGA DISIDENTE E INDIGNADA



domingo, 30 de agosto de 2009

SOBRE EL AMOR Y EL DOLOR



La avaricia es la fuente de los pecados todos, decía el Apóstol,


y es porque la avaricia toma la riqueza, que no es sino un medio, como fin, y la entraña del pecado es esa, tomar los medios como fines, desconocer o despreciar el fin. El amor carnal que toma por fin el goce, que no es sino el medio, y no la perpetuación, que es el fin, ¿qué es sino avaricia? Y es posible que haya quien para mejor perpetuarse guarde su virginidad, Y para perpetuar algo más humano que la carne. Porque lo que perpetúan los amantes sobre la tierra es la carne del dolor, es el dolor, es la muerte. Porque los hombres solo se aman con amor espiritual cuando han sufrido juntos un mismo dolor, cuando araron durante algún tiempo la tierra pedregosa uncidos al mismo yugo de un dolor común. Entonces se conocieron y se sintieron, y se con-sintieron en su común miseria, se compadecieron y se amaron. Porque amar es compadecer, y si a los cuerpos les une el goce, úneles a las almas la pena.



MIGUEL DE UNAMUNO
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miércoles, 26 de agosto de 2009

DORMIR CONTIGO


Dormir contigo, es el camino más directo al paraíso.

Sentir que sueñas mientras te beso y las manos te acaricio.

Dormir contigo, es navegar en una estrella hasta el espacio.

Es embriagarme con el susurro de tu hablar, tierno y despacio.

Dormir contigo es conocer la dimensión que tiene un verso.

Sentir que duermo y al mismo tiempo conocer el Universo

Dormir contigo, con tu cabello acomodado aquí en mis brazos.
Y el terciopelo que me brinda tu regazo

que maravilla dormir contigo.

Dormir contigo, con la ilusión de que despertará mañana.

Con el calor de un nuevo día en la ventana.

Fue algo hermoso, amor, dormir contigo .

Letra: Luis Miguel
Foto extraída de aquí
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lunes, 24 de agosto de 2009

FRACTAL IV


El camino psíquico y psicofisiológico que recorre la respiración rápida es equivalente al que se ha observado en matemáticas, en física, en biología y en otros ámbitos donde la iteración ocupa un lugar importante para alcanzar realidades más ordenadas que las iniciales. Se trata de un proceso basado en repetir, en iterar, un mismo patrón innumerables veces -cálculo matemático, movimiento de un modelo físico, crecimiento de una población animal…- se llega a una situación de caos, de absurdo sin sentido. Hasta hace unos años el camino analítico se detenía aquí. Después del caos no podía haber nada, se pensaba.Iterar un patrón, sea matemático o biológico conduce al caos. Respirar rápido sin parar lleva, en un primer término, a un estado de mareo, vértigo, tal vez convulsiones físicas y pérdida de orientación: caos. Hasta hace pocos años, el análisis matemático se quedaba aquí. Mas allá del caos no podía haber nada. Pero recientemente, gracias a los ordenadores, se ha podido repetir una misma operación hasta el infinito y se ha descubierto con estupefacción que tras el caos aparece un orden similar al original pero mucho más complejo y estable (ESCOHOTADO, 2000). Descubrimos que la realidad está formada por una profundidad insondable de planos repetidos. Los fractales son los gráficos de estas nuevas realidades. Se ha descubierto de forma incontestable que el caos es una gran puerta abierta a la complejidad.
Dr. Josep María Fericgla, La respiración catártica, entre la biología y la cultura

sábado, 15 de agosto de 2009

PINTURA CORPORAL, ARTE INFANTIL



Ana, Paco y Rafa



QUIERO PINTAR

QUIERO PINTAR

SIN UN PINCEL Y SIN PAPEL

QUIERO PINTAR

QUIERO PINTAR

CON COLORINES NADA MAS


MCD, AGOSTO, 2009
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miércoles, 5 de agosto de 2009

EL JOVEN ASCETA Y LA MUJER


Te devuelvo tus monedas, consejero del rey. Soy una de aquellas mujeres que enviaste al santuario de la jungla para tentar al joven asceta que no había visto nunca una mujer. No he conseguido lo que querías.

Comenzaba a clarear cuando el joven ermitaño bajó a bañarse al río; sus cabellos leonados eran semejantes a las nubes de la mañana y sus miembros brillaban como los rayos del sol. Nosotras reíamos y cantábamos remando en nuestra barca; después nos lanzamos a la ribera, con loco alboroto y bailamos a su alrededor mientras el sol se alzaba al otro lado del agua y nos observaba enrojeciendo de divina cólera.

El muchacho abrió los ojos como un niño de los dioses y observó nuestros movimientos con creciente extrañeza, hasta que sus ojos se volvieron brillantes como estrellas de la mañana. Después alzó sus manos entrelazadas y entonó un himno de alabanza con su voz juvenil, parecida a la de un pájaro, que hizo estremecer todas las hojas de la jungla. Nunca habían sido cantadas palabras semejantes a ninguna mujer mortal; eran como el himno silencioso que las calladas montañas dedican al alba...

Las mujeres se taparon la boca con las manos, con el cuerpo estremecido por las risas y un espasmo de duda contrajo el rostro del ermitaño. Corriendo apesadumbrada a su lado me postré a sus pies diciéndole: “Señor, acepte mis servicios”.

Conduciéndolo a la ribera recubierta de hierba le sequé el cuerpo con la punta de mi mantón de seda y arrodillándome en el suelo le sequé los pies con mis largos cabellos. Cuando alcé el rostro y miré sus ojos me pareció sentir el primer beso del mundo a la primera mujer. Bendita sea yo, bendito sea Dios, que me hizo mujer! El muchacho me dijo: “¿Qué dios desconocido eres tu? Tu contacto es el contacto de la Inmortalidad y tus ojos tienen el misterio de la medianoche”.

No, no sonrías de esa manera, consejero del rey... el polvo de la sabiduría humana te ha nublado la vista. Pero la inocencia del muchacho atravesó la niebla y vio la verdad resplandeciente, la divinidad de la mujer.

La idea se despertó en mi a la luz terrible de aquella primera adoración. Las lágrimas llenaron mis ojos, la luz de la mañana acarició mis cabellos como una hermana, y el murmullo de la jungla me besó los cabellos como besa a las flores.

Las mujeres aplaudieron, riendo con obscenas carcajadas, y con los cabellos sueltos y los velos arrastrando por el suelo comenzaron a tirarle flores.

Ay, mi sol sin mácula, ¿no podría mi vergüenza tejer una niebla de fuego para esconderte? Caí a sus pies gritando: “Perdóname!” Y huí como un ciervo herido a través del sol y de la sombra, repitiendo una vez y otra “Perdóname!”. La risa tremenda de las mujeres me acorralaba como un fuego que restalla pero aún resonaban en mis oídos sus palabras: “¿Qué dios desconocido eres tu?”




Fragmento del libro: PRESENT D’ENAMORAT de Tagore.
El original es una edición antigua en catalán.
MCD, Agosto-09
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