CAJÓN DE SASTRE DE UNA HORMIGA DISIDENTE E INDIGNADA



miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA ILUSIÓN DEL HACEDOR



Cuando escribo estas palabras estoy relacionando mis ideas en mi mente con mis ojos y mis manos que van tecleando casi automaticamente. Así, pienso que estoy “creando” algo. Pero si soy capaz de verme por un instante desde fuera, son las ideas las que se abren paso a traves de las neuronas hacia mis dedos y se escapan por el teclado hasta la pantalla.
El orden de los pensamientos está coordinado y supeditado constantemente a las necesidades físicas y emocionales de nuestro cuerpo y nuestra mente. Somos máquinas que funcionamos por impulsos y condicionantes. Creemos que todo lo que hacemos lo hacemos conscientemente y por nuestra voluntad, creemos que pensamos lo que queremos y que somos libres de hacer y deshacer. Eso es una ilusión, mejor dicho, un sueño. Estamos soñando permanentemente todo lo que vivimos porque ni una sola cosa de las que pensamos, hacemos, decimos o dejamos voluntariamente de hacer nos pertenece por entero. Tal y como funcionamos diariamente con nuestras costumbres automáticas (la forma de comer, vestirnos, caminar, conducir) así mismo funciona nuestro cerebro, con rutinas aprendidas y marcadas cada vez mas firmemente. Por eso a la gente mayor le cuesta tanto hacer algo nuevo, tienen grabadas en sus cerebros rutinas repetidas día a día durante décadas. Miles de veces teniendo las mismas reacciones de autómatas inconscientes ante las circustancias de la vida hace que llegue a ser imposible cambiar siquiera el mas mínimo y absurdo hábito físico, cuanto menos un hábito mental. La consecuencia es que estamos cada vez más y más dormidos. Pero no nos damos cuenta. ¿Se entera el que esta soñando que está soñando en su sueño? Solamente cuando despierta es consciente de que antes estaba dormido. Del mismo modo, únicamente podemos darnos cuenta de que “dormimos” la vida en los pequeños lapsus, y en esos momentos de “claridad” o de “inmensidad” que podemos sentir meditando, aflojando las “neuronas”, dejando de marcar los surcos en el cerebro, cambiando los hábitos o con un trabajo serio y honesto de crecimiento personal.

Por eso, a veces cuando escribo, cocino, paseo o respiro pienso que no soy yo la que “hace” sino que son las cosas las que “se hacen” a través de mi cuerpo y de mi mente. Y me dejo hacer…
En esos momentos hay muchas probabilidades de que ocurran fenómenos curiosos de serendipia, pero eso es tema para un próximo post.


MCD, SEPTIEMBRE 09
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