CAJÓN DE SASTRE DE UNA HORMIGA DISIDENTE E INDIGNADA



sábado, 18 de diciembre de 2010

AMOR INDÓMITO

Los límites se ponen para franquearlos irremediablemente.

Cuando el instinto, el deseo y las fuerzas esenciales de un hombre y una mujer se unen, puede darse un estado alterado de la conciencia que transciende las barreras de la mente. Una especie de meditación activa.


Prescindir de los esquemas mentales, de nuestros principios arraigados, de los prejuicios sobre nuestro propio yo reafirmados aún más cuanto más repetimos nuestras rutinas mentales; puede resultar liberador, gratificante y muy útil como aprendizaje, pero existe también la otra cara de la moneda.

Rompiendo barreras los instintos más recónditos, las actitudes reprimidas, los deseos inconfesables pueden surgir a la luz y, liberados de su carcelero, tomar las riendas y manifestarse con total aceptación por parte de la persona “liberada”.

La persona que ha tenido una formación espiritual (por ejemplo: yama-niyama), ha asimilado los conceptos y los traslada de su práctica personal a su vida diaria, tiene más capacidad y más fuerza para discernir y darse cuenta de hasta que punto esas manifestaciones deben ser encauzadas o, por el contrario, si resulta correcto darles rienda suelta, conscientemente, como un medio de aprendizaje y de conocimiento directo muy necesario a veces.

Aquí se tiene que ver con claridad y saber que aunque estas actitudes formen parte de nuestro ser NO SON NUESTRO SER.

El apego o la identificación con estos estados deben ser igualmente rechazados tanto para lo que consideramos “bueno” como para lo que consideramos “malo”.

No me refiero aquí a bien ni mal en un sentido social, cultural o familiar, ni a lo que se supone que se debe hacer según las “normas” no escritas de convivencia grupal; sino a actuar correctamente, según dicte la intuición y la sabiduría (que no la mente pensante).

Ahí se puede ver si somos realmente honestos con nosotros mismos, si somos capaces de aceptar, de asimilar y de actuar en consecuencia a lo que sabemos que es lo correcto.

La atención, la ecuanimidad y la perseverancia, actitudes que se van incrementando con la práctica de la meditación, son fundamentales en estos momentos para discernir y actuar correctamente.

Aceptar, observar, soltar, dejar que se manifiesten, sí; pero sin identificación. Con ecuanimidad, con distancia y abriendo el campo del foco se puede ver todo el conjunto, no solo una parte. Sacar conclusiones sin juzgar y aprender ha de ser el objetivo.


La otra persona es nuestro espejo, nuestro maestro, nuestro aprendiz. Compartir ese aprendizaje es lo más valioso a lo que podemos aspirar.


Dedicado a todas las personas que ansían,
por encima de todo, aprender y compartir.

MCD, DIC-10

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7 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

De acuerdo en todo.
Y da igual la edad. El día que no sepamos aprender, mejor que nos lleve la muerte.

Curiyú dijo...

Me encantó. Necesito encontrar un equilibrio para qué, en esos instantes que pretendo liberar, mis instintos no caigan hasta el infierno. Pero vamos haciendo el camino.
Un abrazo.

Eastriver dijo...

Esa es la magia del sexo y de la pasión... pero la pasión mágica, no la otra. Lo que dices no sólo es cierto sino que se nos hace necesario... y nos deja menos solos.

Caruano dijo...

"Dedicado a todas las personas que ansían,
por encima de todo, aprender y compartir."
Gracias, Mercedes. (Yo también trato de ir haciendo camino, como dicen por ahí arriba)

Besosss.

Paco Amor dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
diminuto blog dijo...

Más que ansiar (que es una buena propuesta) necesitamos de ese aprendizaje. También precisamos de natural generosidad para compartirlo, pienso.

No alcanzo a distinguir entre intuición y pensamiento; creo que la intuición no es más que una forma de pensamiento: pensamiento rápido, pero pensamiento (reflexión). Esa rapidez se adquiere, entiendo, con la suma de experiencias y, por supuesto, con la resta de prejuicios.

Buenos días, Mercedes, y muchas gracias.

Mercedes Thepinkant dijo...

María Jesus,
el que dice: "yo ya no tengo edad para eso", es que ya esta muerto.
Besos.

Curiyú,
para encontrar el equilibrio, el péndulo tiene que ir hasta los dos extremos, solo así puede pasar por el centro y, poco a poco, llegar a detenerse en él. No desfallezcas, yo estoy contigo, también hago el camino.
Besos desde un extremo del péndulo.

Ramón,
creo que en el aprendizaje, el esfuerzo debe ser personal y eso hace que nos sintamos solos a menudo. Si somos capaces de darnos y de compartir entonces podemos sentir que todos buscamos lo mismo y aparece la com-pasión y el amor verdadero.
Besos.

Caro Caru,
las gracias a tí, que estas a mi lado en el camino.
Besos

Sr. Diminuto,
cuando se desconecta el pensamiento, por lo menos lo que entendemos como pensamiento racional (que para mi viene a ser como los circuitos de un ordenador), es cuando se puede alcanzar la intuición verdadera.
Totalmente de acuerdo con lo de la resta de prejuicios.

Buenas noches ya, y gracias a ud.
Un beso