CONFERENCIA
TULKU LAMA LOBSANG
NAU IVANOW
BCN 17/03/10
Conocía al Lama Tulku Lobsang únicamente por la página
web donde tienen colgados vídeos de sus conferencias bastante interesantes.
Como soy bastante escéptica respecto al tema mercadeo espiritual tan de moda ahora y no me fío un pelo de “iluminados”, “maestros” y “reencarnados” varios anunciados y subvencionados por “Zafús Samandhi” pensé: mira que bien, estos tienen un lama joven y guapo, ya tienen la mitad de los posibles client@s ganados con eso.
La organización me dio la misma impresión que el 95 por ciento de todas las instituciones, organismos sin ánimo de lucro, escuelas esotéricas, etc. Página web impecable, sonrisa profident, que rebonito es todo y que buenos y listos que somos, que te vendemos la felicidad en un CD y dos seminarios de fin de semana.
Pero claro, no me iba a quedar ahí, eso sería prejuzgar. Así que me fui a una de sus conferencias para tener más datos y... prejuzgar de todos modos porque, evidentemente, mi supuesta objetividad absoluta siempre resulta relativa, y sino, al tiempo.
La primera impresión fue buena pero eso no quiere decir nada porque los hombres jóvenes y guapos me producen un efecto de pseudo atontamiento y/o anestesiado momentáneo que suele anular otros aspectos a tener en cuenta.
Tengo que confesar que me llamó la atención porque me pareció guapísimo en persona y mucho más “macizo” que en los vídeos.
La segunda impresión, cuando se me pasó la bobería, fue regular. El discurso me pareció más de lo mismo, supongo que esperaba que me sorprendiera con algo totalmente nuevo.
Poco a poco fue entrando en materia y ya empecé a entender por dónde iba.
Mi manía de adelantarme siempre me perjudica en todo. Las cosas necesitan una introducción, un tanteo de los oyentes, retroalimentación.
Su inglés era perfecto. Utilizó palabras simples para explicar lo “ilógico” de nuestra mente y convenció.
Algo que me gustó especialmente fue la atención que prestó a todas las personas que nos encontrábamos allí. Paso la mirada por cada uno de nosotros en repetidas ocasiones y creo que conectó bastante bien, a nivel de empatía con la mayoría.
Sus ojos cambiaban, brillaban más o se entrecerraban según a quién mirase, y en las pausas parecía escuchar su interior, inspiraba profundamente y exhalaba muy lentamente antes de continuar hablando.
Cuatro cosas, pasadas por mi filtro, de lo que expuso:
Lo más importante y necesario es la fe y el amor, sin ellas no se puede hacer nada ni ser feliz.
El control de la mente es fundamental. Tal como se piensa, así se es. Uno transforma la realidad que le rodea según sean sus pensamientos. No se puede permitir que nos dominen los pensamientos. El miedo y las expectativas son los enemigos de la mente. Siempre estamos esperando y deseando cosas y cuando estas no llegan nos sentimos defraudados. A veces también nos sentimos defraudados cuando llegan, porque esperábamos que fueran mejores de lo que en realidad son.
Siempre estamos pensando en el futuro y no nos damos cuenta de que en realidad nunca estamos en el futuro, así se nos pasa el presente y no lo vivimos.
La mente no es lógica. Pensamos que sí lo es y por eso nos equivocamos. Una semilla de tomate dará un tomate, es lógico. Una semilla en nuestra mente puede dar cualquier cosa, nunca lo podemos saber. Funcionamos según “nuestra” lógica, pero cada persona tiene la suya propia por eso hay tantos problemas en las relaciones humanas. Queremos que nos escuchen pero no queremos escuchar, etc.
Pensamos que no somos felices pero a veces es por una percepción errónea. Cuando vienen momentos o oportunidades agradables decimos: “ahora no tengo tiempo para esto, tengo que hacer otras cosas” y lo dejamos pasar. Sin embargo, cuando vienen problemas o dificultades les dedicamos todo nuestro tiempo y nuestros pensamientos. También deberíamos decir “ahora no tengo tiempo para este problema o esta comida de coco porque estoy muy ocupado siendo feliz, disfrutando de esta deliciosa cena, de esta compañía o de esta película”.
Las cosas que nos pasan se quedan grabadas en la memoria con más o menos intensidad según sea la emoción que las acompaña. Si le damos mucha importancia a los problemas y a los sufrimientos estos se quedarán grabados más firmemente que los momentos felices, ya que a estos, como no les dimos demasiada importancia en su momento o pensamos que no era realmente necesario dársela se diluyen más fácilmente en la memoria.
¡Ahora entiendo porqué me pasa lo que expuse en
esta entrada!
La sociedad tiene tendencia a valorar positivamente a las personas que van atareadas y agobiadas todo el día con infinidad de problemas y preocupaciones. Parece que es mas importante, mas responsable, mas eficiente y mas competitiva la persona que anda quejándose todo el tiempo de que no tiene tiempo para “relajarse” que la que, teniendo los mismos problemas, da a cada cuestión su tiempo y se ocupa de cada cosa sin aspavientos y sin andar explicando a todo el mundo lo superimportante que es y lo superatareadísima y estresadísima que está.
Parece que con esa actitud (pose, diría yo) nos sentimos más importantes, más responsables y serios cuando en realidad somos menos humanos y menos persona.
Cuando vemos a alguien que no tiene prisa, que sonríe o que va tranquilamente con su felicidad de allá para acá, aunque tenga los mismos problemas que tenemos los demás, entonces pensamos que esa persona es “irresponsable”, “pasota”, poco seria etc.
No se lleva la felicidad, no está de moda. Divertirse sí, ocio “pret a porter” comprado en Carrefour a crédito, eso sí se lleva. Si no compras, no eres nadie parece que lo que no se paga con dinero no sea importante; (!uf! esto es de mi cosecha y además es otro tema).
La felicidad, la satisfacción, la ecuanimidad y la paz interior, eso, por mucho que todo el mundo lo busque pues no, parece que no abunda.
¡Pero cuidado!, si alguien se atreve a decir que lo ha encontrado será tachado de loco, friki, alelado o tonto. ¿Cómo se puede ser feliz con tantos problemas que hay en el mundo? ¿Con esta vida que llevamos? ¿Con el paro, las enfermedades, la crisis...?
Cuando por “lógica” debería ser al revés. El loco, atontado, alelado y friki debería ser el infeliz, el estresado y súper atareado. Pero ya dijimos antes que nuestro cerebro no es nada lógico.
También puede ocurrir que como estamos tan ocupados dándole vueltas a nuestros problemas, sufriéndolos y adelantándolos con nuestras expectativas no nos damos cuenta de todos los momentos de felicidad que pasan por nuestro lado y los dejamos escapar porque no les damos importancia.
Todas estas reflexiones a mí me han servido, básicamente, para recordar cosas sencillas que había dejado de lado a fuerza de acumular conocimientos, lecturas y reflexiones prousianas.
Y también para pararme, inspirar y exhalar lentamente más a menudo.

MCD, MARZO-10
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